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El ‘Yo’ de Vicente Huidobro

24 Sep

Recuerdo una anécdota que para mí tiene singular encanto: tenía yo más o menos doce años y escribí una composición en versos, la primera de mi vida, que se titulaba “Eso soy yo”. Como había leído muchos versos, tenía el oído algo acostumbrado y casi ningún verso cojeaba. Se los leí a mi madre. Ella se admiró de la armonía, pero encontraba que las ideas eran muy repetidas y los guardó para corregírmelos.

Al otro día me los entregó corregidos. Yo los leí, y recuerdo que ingenuamente me reía con ella al ver que, si bien era cierto que las ideas eran más románticas y poéticas, los versos estaban casi todos cojos. Éste era mi mayor placer, ver que ella tenía ideas más bonitas, pero no podía metrificarlas. ¡Qué blancas ingenuidades aquéllas!

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Sin culto de cine colombiano

12 Sep

Unos argentinos alicorados me retan en un coctel a que les haga una lista de películas colombianas de culto internacional de los últimos veinte años. Entonces yo dudo, balbuceo y me quedo callado. Los hijitos de Gardel ripostan entonces con un puñado de películas: Mundo grúa (1999), El bonaerense (2002), La ciénaga (2001), Historias mínimas (2002) y La niña santa (2004). Hay más —me dicen— pero quédate con estas. Y exclaman: Ché, ¿y cuáles son tus películas? La fiesta se dispersa y huyo de este grupo diabólico, algo herido en mi pobre nacionalismo.

Dejemos este episodio y pensemos con cabeza fría. Los argentinos se referían a una categoría extraña pero por todos comprensible: cintas de culto; es decir, aquellas que han logrado calar en públicos difíciles, con buenas críticas, taquillas interesantes, premios en festivales, con seguidores nerds, que sean referencia de muy buen cine y que se dejen ver hoy en día sin parecer anacrónicas. Cierto, entre los cuatro filmes australes citados puede haber matices. Pero es cierto que, en todos los casos mencionados por los argentinos, se trata de películas importantes, de culto.

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La independencia de Semana

5 Sep

Días antes de que Juan Manuel Santos se posesionara como presidente en el 2010 se veía un grafiti en una pared de Bogotá que decía “se va el mayordomo, llega el dueño de la finca”.

La forma más apropiada para entender la política en Colombia, el séptimo país más desigual del mundo, es ver la manera como nuestros líderes entienden sus fincas. Mientras que Álvaro Uribe es el jinete que dirige el arreo de ganado desde su purasangre, Santos tiene una casa con piscina y pantallas plasma que colinda con las mansiones de sus amigos burgueses. Son dos tipos de élites distintas. Dos formas diferentes de entender lo rural. Y el mundo. Pero la segunda, la que ve su finca como un lugar de reposo y no como el origen del trabajo y la vida en sí, es la que manejó al país durante las décadas que antecedieron a Uribe.

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Memoria por correspondencia

30 Ago

Mire usted, el libro del que tantos lectores colombianos estamos hablando no tiene un título provocador, no es una “apuesta por el lenguaje”, no es “experimental” o “contemporáneo” ni está construido con un lenguaje cifrado ni procaz. Su autora no aparece en la carátula ni en la foto de contratapa ni en revistas, ni da declaraciones incendiarias en la prensa, ni reta ni molesta a sus colegas o a otra gente. El libro del que tantos lectores colombianos estamos hablando no ganó un premio espurio ni lo escribió un periodista a quien muchos colegas le han hecho el favor de reseñarlo en los medios. Memoria por correspondencia, de Emma Reyes, publicado por Laguna Libros, hizo su trabajo de promoción solito, a punta de brillo y poesía, a punta de calidad y belleza. Y esto debería darles unas cuantas claves a autores y autoras iconoclastas, que demoran más pintándose las uñas que escribiendo una frase, que van por ahí hablando de lo que están escribiendo –o peor: de lo que van a escribir– en lugar de quedarse en casa escribiendo.

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El último discurso de Vallejo

13 Jun

Yo soy un sobreviviente de muchas cosas: del matadero de Colombia, el terremoto de México, cinco visitas de papa, diez mundiales de fútbol e incontables elecciones. Elecciones a todas horas y por todas partes: en Ecuador, en Argentina, en Estados Unidos, en Azerbaiyán, en la China, entendiendo por la China lo que se entiende aquí. Cómo he podido sobrevivir a tanto desastre, no lo sé: será mi buena estrella, que me acompaña desde el comienzo, desde esa noche en que a mi papá y a mi mamá, que habían montado una asociación delictiva con fines reproductivos bendecida por la Iglesia, les dio por sacarme de la paz de la nada y traerme a esta fiesta. ¿Por qué no les daría mejor por componer una ópera? ¡Pero cuál ópera! Si en Colombia nunca ha habido ópera… Lo que ha habido siempre allá es pasillos y bambucos, bambucos y pasillos, unas chirimías sosas, melosas, sin modulación, lo más bobo que se puedan imaginar ustedes. Conocíamos la rueda, sí, pero no la modulación. Todo se nos iba en tónica y dominante, tónica y dominante. Por eso no fui músico, que es lo que me habría gustado ser, y me tuve que contentar con esto, la literatura, unos libritos miserables, efímeros, hechos de deleznables palabras que se lleva el viento. Y aquí me tienen esta noche presentando el último, el ultimísimo, el non plus ultra, el que dijo basta, me morí. Y sí, me morí en mi ley, en primera persona como viví y escribí, despreciando al novelista omnisciente, ese pobre diablo con ínfulas de Dios Padre Todopoderoso, de sabelotodo. ¿Cómo va a poder un pobre hijo de vecino contarnos los pensamientos ajenos como si tuviera un lector de pensamientos, repetir diálogos enteros como si los hubiera grabado con grabadora y describirnos lo que hicieron los amantes en la cama como si los hubiera visto con rayos X, o como la Inquisición por un huequito? No se puede, nadie puede, no me vengan a mí con cuentos.

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A Solas

22 May

¿Quieres que hablemos? Está bien empieza:
Habla a mi corazón como otros días…
¡Pero no!… ¿qué dirías?
¿Qué podrías decir a mi tristeza?

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Infografía del conocimiento

14 Sep

En Another Brick in the Wall, la colosal obra conceptual de Pink Floyd, los estudiantes se sublevan contra su sistema educativo al ritmo de la inmortal arenga “No necesitamos ninguna educación. No necesitamos control de pensamiento”. Esta Proclama adquiere intensidad con la película de Alan Parker donde los alumnos marchan al unísono sobre una terrorífica banda transportadora que los introduce en una maquina de la cual emergen trasformados en clones vacios. “¡Hey! ¡Profesores! ¡Dejen esos niños en paz! Al final ustedes son sólo otro ladrillo en la pared” se puede escuchar mientras otra banda transportadora, tal vez la misma, los arroja directo al picadero de carne donde terminan como salchicha. Niños con arengas, que idea más bella. Al final del videoclip, pasando una cuenta de cobro justa, los estudiantes terminan convirtiendo en chimenea las paredes de su escuela.

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