Sin culto de cine colombiano

12 Sep

Unos argentinos alicorados me retan en un coctel a que les haga una lista de películas colombianas de culto internacional de los últimos veinte años. Entonces yo dudo, balbuceo y me quedo callado. Los hijitos de Gardel ripostan entonces con un puñado de películas: Mundo grúa (1999), El bonaerense (2002), La ciénaga (2001), Historias mínimas (2002) y La niña santa (2004). Hay más —me dicen— pero quédate con estas. Y exclaman: Ché, ¿y cuáles son tus películas? La fiesta se dispersa y huyo de este grupo diabólico, algo herido en mi pobre nacionalismo.

Dejemos este episodio y pensemos con cabeza fría. Los argentinos se referían a una categoría extraña pero por todos comprensible: cintas de culto; es decir, aquellas que han logrado calar en públicos difíciles, con buenas críticas, taquillas interesantes, premios en festivales, con seguidores nerds, que sean referencia de muy buen cine y que se dejen ver hoy en día sin parecer anacrónicas. Cierto, entre los cuatro filmes australes citados puede haber matices. Pero es cierto que, en todos los casos mencionados por los argentinos, se trata de películas importantes, de culto.

Ahora aquí, con la cabeza fría y un poco aporreada, intento buscar un puñadito de nuevo cine colombiano para responder al desafío. Primero, eliminemos algunas: Cóndores, Rodrigo D y Confesión a Laura, pues tienen más de veinte años; así, incluso en el caso de que fueran películas de culto, no clasifican. Busquemos otras: por supuesto, La gente de la Universal, entonces, me viene a la mente. Pero, si bien fue una película “casi de culto”, nunca logró serlo del todo. Reto a los lectores a volverla a ver, pues me temo que, a la luz de los años, se le notan las arrugas y las carnes un poco fofas. Entonces pienso en Víctor Gaviria, pero La vendedora de Rosas y Sumas y restas no fueron, tras Rodrigo D, lo que él y su público esperaban. Una ligera decepción nos invadió, aunque los trabajos están bien terminados y son responsables. Pero tal vez Gaviria se quedó sin poesía, solo tal vez. Así, intento pegarme a las películas más recientes: Los viajes del viento. ¿Película de culto? No creo, pese a nuestro entusiasmo del momento. Demasiado pretenciosa, probablemente, y las demás no clasifican como películas de culto, aunque no estén nada mal: María llena eres de gracia, La sangre y la lluvia, PVC-1, Retrato en un mar de mentiras, Contracorriente, El vuelco del cangrejo, Perro come perro, Al final del espectro, Los niños invisibles o Soplo de vida. Y claro, no faltará el que me diga que la película de Sergio Cabrera, La estrategia del caracol, tuvo su culto y que en su época fue importante. Pero hoy, al volverla a ver, es una de las muestras más dramáticas de la mediocridad del cine colombiano de los ochenta.

¿No hay entonces una sola película colombiana que, para los latinoamericanos, sea de culto? Creo que no. Invito a que me contradigan. Esta no es una constatación con mala leche. Es, simplemente, una constatación. Podríamos a renglón seguido decir que esto nos invita a repensar los esquemas de la realización cinematográfica en Colombia, que nos exige cuestionar los estándares de las extrañas escuelas de cine existentes, que nos pide meterle la ficha al fomento de escuelas de guionistas y, por último, que nos lleva a preguntarnos por el aislamiento cinematográfico del país, que hace que nuestros jóvenes realizadores no vean buen cine o crean que el bueno es solo las migajas que se exhiben en las salas de la Avenida Chile. El caso es que seguimos sin tener en nuestra tierra a una Claudia Llosa, a un Alejandro González, a un Carlos Reygadas, a un Pablo Larraín o a unos hermanos Vega. Acepto que entre los realizadores de cortometrajes puede haber promesas. Pero no lo sabemos, en parte porque las políticas de exhibición del género son restrictivas y hacen difícil que estos juniors concreten proyectos de largometrajes, en parte por el estancamiento generado por los eternos ganadores de convocatorias, mucho más profesionales en la consecución de recursos que en la construcción de historias perdurables.

A estas alturas, algún lector exigente puede preguntarme: ¿y qué importa si no hacemos películas de culto? Y por supuesto, tendría razón, pues no pasa nada. Pero el oso de la fiesta con esos argentinos pretenciosos no me lo voy a pasar yo solito.

Por Nicolás Morales

Anuncios

Una respuesta to “Sin culto de cine colombiano”

  1. Enrique Barragan 18 junio, 2017 a 6:14 PM #

    Tu visión del cine Colombiano es pobre. decir que la estrategia del caracol es “mediocre” demuestra tu incapacidad de apreciar el buen cine.
    La mayoría de las películas que mencionaste realmente si son de culto, tanto nacional como internacionalmente. el cine colombiano esta entre los mejores de latinoamerica; he hablado con amigos de Mexico y Chile acerca del cine latinoamericano, y entre esas conversaciones siempre sale a la luz películas como “los niños invisibles”, “La estrategia del caracol”, “Rodrigo D. no futuro”,”Maria llena eres de gracia” entre otras películas Colombianas. Que en una conversación acerca del buen cine latinoamericano salgan películas Colombianas las hace inmediatamente de culto.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s