El último discurso de Vallejo

13 Jun

Yo soy un sobreviviente de muchas cosas: del matadero de Colombia, el terremoto de México, cinco visitas de papa, diez mundiales de fútbol e incontables elecciones. Elecciones a todas horas y por todas partes: en Ecuador, en Argentina, en Estados Unidos, en Azerbaiyán, en la China, entendiendo por la China lo que se entiende aquí. Cómo he podido sobrevivir a tanto desastre, no lo sé: será mi buena estrella, que me acompaña desde el comienzo, desde esa noche en que a mi papá y a mi mamá, que habían montado una asociación delictiva con fines reproductivos bendecida por la Iglesia, les dio por sacarme de la paz de la nada y traerme a esta fiesta. ¿Por qué no les daría mejor por componer una ópera? ¡Pero cuál ópera! Si en Colombia nunca ha habido ópera… Lo que ha habido siempre allá es pasillos y bambucos, bambucos y pasillos, unas chirimías sosas, melosas, sin modulación, lo más bobo que se puedan imaginar ustedes. Conocíamos la rueda, sí, pero no la modulación. Todo se nos iba en tónica y dominante, tónica y dominante. Por eso no fui músico, que es lo que me habría gustado ser, y me tuve que contentar con esto, la literatura, unos libritos miserables, efímeros, hechos de deleznables palabras que se lleva el viento. Y aquí me tienen esta noche presentando el último, el ultimísimo, el non plus ultra, el que dijo basta, me morí. Y sí, me morí en mi ley, en primera persona como viví y escribí, despreciando al novelista omnisciente, ese pobre diablo con ínfulas de Dios Padre Todopoderoso, de sabelotodo. ¿Cómo va a poder un pobre hijo de vecino contarnos los pensamientos ajenos como si tuviera un lector de pensamientos, repetir diálogos enteros como si los hubiera grabado con grabadora y describirnos lo que hicieron los amantes en la cama como si los hubiera visto con rayos X, o como la Inquisición por un huequito? No se puede, nadie puede, no me vengan a mí con cuentos.

Bueno, con este libro me despido y le dejo el campo libre a Octavio Paz para que siga haciendo de las suyas, en su quehacer poético, cantando y pontificando desde el Olimpo con Júpiter y Victor Hugo a su lado boquiabiertos oyéndolo. Poeta: sigue como vas, no nos prives de tu voz sin par y no te pongas celoso que en tu ausencia nadie te ha movido el tapete. Tú eres único. Tú eres el Nobel, la paz. Pero no el Nobel de la paz, que es para minusválidos como Carter y Rigoberta, sino el otro, el que te dieron a ti y que te dio la paz aunada a no sé cuántos cientos de miles de dólares que tu generosidad manirrota repartió entre los pobres. Gracias en nombre de ellos. Dios te lo pague.

En México pasé 32 años, de los que perdí 12 en el cine y 20 en la literatura, y no me quedó ni uno para robar, que como nos lo ha enseñado el pri en forma tan magistral es el fin del hombre. Fui un ciego, un sordo, un necio. No quise oír, no quise ver, no quise aprender. Y sin embargo ahí tenía día a día en el periódico de cada mañana las lecciones gratis de ese partido excelso. Familia Obregón, familia Calles, familia de Abelardo I. Rodríguez, familia Alemán, familia Díaz Ordaz, familia Echeverría, familia De la Madrid, familia Salinas de Gortari, familia Zedillo, familia Casas Alemán, familia de Aarón Sáenz, familia de Ramón Aguirre, familia de Hank González, señor Uruchurtu, señor de Prevoisin, señor Cabal Peniche, señor Ángel Isidoro Rodríguez, señor Enrique Molina Sobrino, señor Jaime Merino, señor David Peñalosa, señor Leonardo Rodrí­guez Alcaine, señor Roberto Hernández, y señores Salvador Barragán Camacho, Joaquín Hernández Galicia, Rogelio Montemayor, Ricardo Aldama Prieto, Carlos Romero Deschamps y Jesús Olvera Méndez de la hermandad petrolera que tienen las manos manchadas de petróleo de tanto trabajar, de tanto extraerle a México: ustedes son lo máximo, lo más ilustre de este país, su paradigma. Generaciones futuras, aprendan.

El hombre nació para el peculado, el soborno, el cohecho, la nómina, el presupuesto, el gobierno, la venalidad, la coima, y lo demás son cuentos. La moral es boba, la honradez es boba, la honorabilidad es boba, la Tierra es de los granujas. ¡Bienaventurados, granujas, porque de vosotros es el reino de esta Tierra! El que no roba y deposita en Suiza vive en el error. Así viví y me morí yo y me enterraron en Gayosso, que es la mejor, sí, pero tuve que pagar mi entierro por cuotas, porque lo que gané con la literatura no me dio ni para pagarlo al contado.

Con esta sapiencia que me da la muerte, a los que vinieron hasta aquí esta noche en agradecimiento les quiero dar un consejo: roben lo que puedan, saqueen lo que puedan, embólsense lo que puedan, no dejen ni un quinto, arrasen. Que las arcas públicas terminen como el alma de Locke, cual tábula rasa, y que el que venga se quede mamando en el aire. Vivan, afortunados, la era de la impunidad que les tocó, aprovéchenla. Adulen, lambisconeen, den coba y que no se vaya a apoderar ninguno de lo que les corresponde por derecho propio: las presidencias municipales, las delegaciones, las gubernaturas, los consulados, las embajadas, la SEP, el IMSE, el ISSTE, Pemex, las secretarías, la regencia, la presidencia, que después del papado es lo máximo. Pero el papado, desafortunadamente, nos queda muy cuesta arriba a los curas del Tercer Mundo. Ya de perdida, pues, conténtense con la presidencia y no sueñen, que vale más una presidencia en mano que un papado volando.

Y no se vayan con la finta de que hay que perdurar porque todo pasa, nada queda. Lo único que tenemos es el aquí y ahora. Dejémosle la eternidad a Dios y la posteridad a los poetas para que se entretengan con ellas. La posteridad es humo, viento, una ramera. Se va con todos, como el lector, que es un polígamo nato: hoy te lee a ti, mañana a otro. El lector es voluble, novelero, traicionero. Siento un gran desprecio por él.

Todo pasa, todo cambia, nada queda. ¡Se murió el verbo “oír”, que tenía mil años, la edad de este idioma, no nos vamos a morir nosotros! Lo desbancó “escuchar”, un verbo espurio, que detesto. En un mundo que ensordeció el ruido y donde nadie oye ahora todos dizque escuchan. Escuchan un jet, un frenazo, un trueno. Dicen que México no va a ser “santuario” de narcotraficantes, como si los narcotraficantes fueran santos a los que se les prenden velitas; y que el país siempre sí va a “honrar” sus compromisos internacionales, como si las deudas fueran madres. Cuando hay que decir “que” dicen “de que”, y cuando hay que decir “de que” dicen “que”. La concordancia de varios la hacen en singular, y dicen “mexicanos y mexicanas” como si el género masculino no incluyera al femenino. Por eso decimos: “El hombre es un animal bípedo”, y no: “La mujer es una animala bípeda”. Señor presidente: ¿Cómo se dice: “Los mexicanos y las mexicanas estamos muy contentos con usted”? ¿O “muy contentas”? ¿“Dichosos”? ¿O “dichosas”? Usted en qué hace la concordancia: ¿en masculino o en femenino? No me venga ahora con que le va a dar por decirlo todo en femenino como Puig, que decía: “¡Ay de mí, pobre mujer, ahora todas quieren escribir. Hoy en día habemos demasiadas escritoras”. Conjugaba el impersonal “haber” como si fuera personal, y me parece bien. Los escritores somos los únicos que tenemos el derecho de acabar con este idioma. ¡O qué! ¿También nos lo van a robar los políticos? ¡Qué importa, róbenselo! Roben y mientan, mientan y declaren por televisión y si alguien los denuncia, calúmnienlo, y si los agarran, ampárense, que el Poder Judicial son unos perros venales hambreados de mendrugos. ¡Ahí tienen, perros, coman, repártanse esta salchicha! Una vez montado en el presupuesto, cuando llegues al primer millón multiplícalo por diez para que sea de dólares, y por mil para que sean billones. El billón es una coraza de acero. En previsión de lo que ocurra, porque uno nunca sabe, defiende siempre a Cuba que su revolución es eterna, mampara contra todos los vientos. Si algún día te tienes que ir porque te van a agarrar y eres de los del club del billón, no te preocupes que allá te reciben, allá tienes refugio seguro. Pregúntale a Salinas. E instalado allá, invierte en turismo sexual que para eso esa isla es un paraíso. En cuanto al riesgo de que te dé un manotazo la Revolución y se quede con lo tuyo, con lo bien habido, de esa posibilidad despreocúpate, que su comandante es un hombre digno, íntegro, incapaz de grabar una conversación telefónica ni de traicionar a nadie. Que lo digan el Che, Camilo Cienfuegos y Fox. A los gallegos que se arriesgaron y que confiaron en él, hasta ahora que yo sepa no les ha quitado ni un solo quinto. Ellos siguen siendo los dueños de los hoteles y las playas. Pregúntales y verás. Y punto, basta, eso es todo, no digo más porque los muertos no hablamos. Ite missa est.

Fernando Vallejo

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