Manual para embaucadores

16 Dic

Preparativos. Antes de la lectura se ha de tomar un baño con agua tibia, dormir media hora, ir luego en traje de noche a un restaurante conocido y hacerse servir la siguiente cena: Ostras portuguesas, entremés d’oeuvres variés, Trucha en mantequilla, Espárragos sauce vin, Pichón (Chambertin), Coliflor au gratin, Pommes frites, ensalada, Omelette soufflée., Camembert,  duraznos, uvas, Café nature, Chartreuse amarillo.

Café y licor se tomarán en el restaurante sólo si se está completamente imperturbable. De lo contrario, se habrá de buscar un rincón tranquilo en algún café o un bar y ordenar, al mismo tiempo, un Grand Marnier, un Ruban rouge y unas cerezas jubilé, que se dejarán intactos hasta recibir la señal del consumo. Se encenderá entonces el cigarrillo preferido y se iniciará la lectura. Después de cada fragmento se hará una pausa, se beberá un poco y se dará una chupada al pitillo. Tras la lectura de cada una de las secciones, se dejará el libro sobre la mesa y se mirará al techo.

Aquel que, por influencia de padres, cartillas de urbanidad, Biblias o policías, esté apesadumbrado o cargado de sentimientos perjudiciales —y por ello sueñe en ardorosas horas nocturnas no sólo con fustigar aquella camada infame, sino además con convertirse en feliz paladín de su propio cuerpo y su vida—, deberá ahorrar por un mes (si no hay otra opción) con el fin de hacerse servir la indicada cena antes de la lectura y, en caso de no disponer de ninguna dama, poder comprarse una…

Manual

—Estrictamente hablando, no hay ni amos ni lacayos. Todos somos esclavos de nuestras capacidades y nuestros temperamentos. Ten esto siempre en cuenta y no te resultará difícil controlarte a ti mismo ni a los otros.

—Cuando estés mal, harás bien en intentar ocultarlo. Pero si gozas de éxito, a tu alrededor surgirán odios y envidias, así que finge un malestar pulmonar o un dolor de riñones y cómprate una sepultura: toda enemistad se desvanecerá.

—Haz como si tomaras la vida en serio. Los listos, si te creen, te considerarán digno de confianza; si no te creen, te tomarán por listo.

—En aquellas inevitables horas en que te invade la nostalgia indomable por calma interior, el asco hacia ti mismo —que, por lo demás, te hace particularmente lúcido frente a lo desastroso de tu estado y dolorosamente consciente de la Gran Nada—, en esas horas bebe dos tazas de chocolate caliente, trágate una aspirina y ve a la cama. (Estas horas se podrían eludir si la predisposición a tales recaídas espirituales, surgida del mal sueño o el esfuerzo excesivo, pudiera a su vez ser evitada.)

—Llegar más allá de los sesenta años no causa ningún placer y, de hecho, es a menudo un malheur. Ten esto en cuenta cuando tengas treinta y no seas avaro contigo mismo. (Además, los ahorrativos jamás triunfan.)

—Problemático es sólo aquello que no es evidente. Y lo que no es evidente no merece ser discutido.

—El mundo es cada vez más pequeño. No lo olvides. De lo contrario, te podría suceder que, creyéndote lejos del disparo, te halles, de hecho, en la ruta de la bala.

—No dramatices nunca. Simplifica siempre.

—¿Cuándo eres verdaderamente viejo? Cuando ya no te causa placer tener un público.

—Podrás ser tan fuerte como quieras; si careces de experiencia caerás más rápida y fatalmente que cualquier idiota promedio.

—Durante siglos, a todas las cosas se les suscribieron profundidades que en verdad nunca han tenido. Esto ha sido la causa de grandes desgracias. Banaliza todo; cosecharás éxitos y sembrarás oportunidades.

—Muchas veces, cuando están de pie o al darse la vuelta, las putas hacen ciertos movimientos con el tacón que las delata como amigas de la noche. ¿No tienes también tú pequeños hábitos que revelan de ti más de lo conveniente?

—A menudo, ser cobarde es el mejor medio para salvar la vida. Sé valiente sólo cuando valga la pena; convéncete de que la valentía no es más que la estúpida inclinación a luchar de forma dispareja o contra la mayoría.

—No permitas que tu vida se vuelva demasiado regular. Podrías encontrar satisfacción en ello y en un año tener una panza y un hijo. Todo derrumbe ocurre de prisa. Y a menudo cae el más fuerte sin poder ponerse de pie de nuevo.

—No temas ser de vez en cuando prudente y meticuloso como un burgués. Quien se comporta sin excepciones consigo mismo como la lluvia con el paisaje, acabará algún día en el hospital.

—Si te acomete la Gran Ira, emprende algo de inmediato. Si no tienes nada más al alcance de la mano, explica a una niña de seis años el poder de la luz de la luna.

—Si no puedes humillarte a ti mismo con la facilidad con que te pones tu sombrero, tienes todavía un poco de baja autoestima.

—Promete realizar todo lo que te pidan. Promételo con tanto júbilo que cualquier duda sobre tu promesa se disuelva enseguida. Si luego no cumples lo prometido, habrás sido alabado de tal modo, que ya no valdrá la pena decir lo contrario sobre ti.

—No debes hablar cínicamente con mucha frecuencia. Pero debes serlo siempre.

—Habla irónicamente sin sonreír. Sonríe sin hablar.

—Alaba a menudo. Admira rara vez. No critiques nunca.

—Aquel que afirma que la vida es bella y los hombres buenos es, o bien un imbécil, o bien uno del que deberías tener mucho cuidado.

—Si alguien te dice que mañana empezará una nueva vida puedes estar seguro de que le ha sucedido algo perturbador, quizá algo trágico. O no es más que una dama que menea los pechos en su cercanía.

—Recuerda que todo el que te ha hecho partícipe de su sufrimiento o te ha contado acerca de su amor ha despertado en ti un vago sentimiento de impaciencia. No cometerás así jamás el burdo error de ocupar a otros contigo cuando quieras que se ocupen de ti.

—De cualquier pesado te podrás deshacer fácilmente si le dices que estás esperando a un proxeneta a quien debes dinero.

—No respondas a quien entra en debates. Sólo quien monologa podrá, quizá, decirte algo.
—Las personas interesantes (por así decirlo) son siempre un poco brutales.
—Las personas de pocas palabras son por lo general difíciles de tratar. No las trates en absoluto: ya encontrarán por sí mismas el habla.

—No es la aversión frente a este mundo donde todos traicionan, venden y engañan, la que convierte a muchas personas en tipos raros y solitarios. Es el temor de no tener fuerzas suficientes para desconfiar continuamente, para timar, para saquear.

—Quien desea tener todos los ojos encima tan pronto aparece es actor de profesión, o bien un chambón miserable.

—Cuando una persona a quien durante mucho tiempo apenas si has prestado atención, despierta en ti el ánimo de conocerla, ten por seguro que ha emprendido todo tipo de medidas para alcanzar aquel objetivo; así que quiere algo de ti.

—No seas demasiado interpretativo. El hombre es mucho más irreflexivo y confuso de lo que piensan aquellos a quienes un destino envidioso ha convertido en poetas.

—Demuestra lo que dices sólo cuando estés entre idiotas o profesores (y suscriptores de revistas).

—Quien desee dominar a los otros no puede dejarse escandalizar.

—Si te resulta difícil someter a una mujer, oblígala a pasar tres horas contigo en una habitación donde no haya ningún espejo.

—Desnuda a las mujeres sólo cuando no puedas lograrlo de otro modo. Un desinterés completo por esta tarea les revelará de inmediato al maestro.

—Si tu amada de repente se comporta contigo de forma exageradamente atenta, es que te ha sido infiel hace poco.

—Si quieres seguir siendo por largo tiempo el amante de una mujer, debes intentar ser también en este aspecto su mano derecha.

—Evita sostener durante el baile una conversación que exija la atención total de tu compañera. No sólo el baile sufriría por ello: también su atención hacia ti.

—Si una mujer te besa sin aliento y control, después de tres días podrás hacer con ella lo que quieras. O mañana mismo no va a responder tu saludo.

—A una mujer que quieras convencer de un negocio (no sexual) habrás de visitarla durante el día. En las noches crece el influjo de las mujeres.

—Sólo un chapucero o un tacaño intenta persuadir a una mujer durante horas en la banca de un parque. Podría tenerla en quince minutos si la llevara a un buen hotel, cuya elegancia le será imposible resistir.

—Una dama de la sociedad, a quien ves cada día con un hombre diferente en la calle, tiene sólo un amante con quien no se muestra. Si quieres tenerla, no puedes ni hablar de amor ni intentar acercarte con algún tipo de artimañas. Come y bebe muchas noches con ella y hazte el simpático.

—Si te convences una y otra vez de que una mujer jamás te miente, es que quiere casarse contigo o pretende que le cuentes la verdad acerca de algo que le interesa.

—Jamás bailes cuerpo a cuerpo con una mujer a quien aún no has poseído. Si ya lo has hecho, entonces no lo hagas por ningún motivo. Hazlo únicamente cuando te sea indiferente. (¡Muy importante!)

—Haz (clandestinamente) de celestina cada vez que puedas. Pero siempre gratis. Después de un tiempo tendrás al mundo tan ligado que tu presupuesto se reducirá a la mitad.

—Si estás seguro de que nadie se enterará, duerme con quien te dé la gana. Pero sólo puedes mostrarte con una mujer a quien tus peores enemigos querrían ver también a su lado.

—No le rasgues a ninguna mujer la ropa interior. El efecto podrá ser tan exitoso como quieras, pero a la mañana siguiente estará furiosa y en la tarde tus intenciones se estropearán a causa de ello.

—Abomina de los sombreros de una mujer sólo cuando estés seguro de quién acostumbra comprárselos.

—Si te preocupa que alguien sospeche de ti respecto a una cuestión desagradable, mete tu brazo en una venda y di que te lo rompiste en seis partes en un accidente de tráfico. Todos se compadecerán de ti y olvidarán la sospecha.

—Si no logras de ningún modo ganar la confianza de alguien a quien necesitas, déjalo ver cómo te encizañas contra sus enemigos. Eso lo conquistará.

—Todo el mundo se alegra de poder juzgar. Si temes, pues, que alguien pudiera condenar alguna de tus características, llévalo mañosamente a que condene esa misma característica en otra persona. Así se olvidará de la tuya o pensará que se ha equivocado.

—Si uno de tus acompañantes se comporta de repente de forma rebelde contigo, el mejor remedio, si todo el resto fracasa, es hacerle beber un buen laxante (sin que lo sepa).

—Jamás lleves un arma contigo. Si lo haces, caerás en la tentación de usarla (uno siempre busca el camino más fácil). Y ya que sólo cuando tu cabeza te deja plantado te encuentras en una situación donde necesitas un arma, lo mejor en este caso, para no encontrarte en una situación tal, es no llevar ningún arma contigo.

—Si alguien te pregunta cuál es tu profesión, que te hace llevar una vida tan lozana, di: “La misma suya”.

—Espera, cuando ya hayas conseguido a la mujer, al menos cinco minutos antes de empezar. Mientras más tiempo mejor. Funciona estupendamente.

—Frente a alguno a quien quieras alejar de una mujer, no podrás alabarla ni tampoco minimizarla. Lo mejor será mencionar de pasada que has escuchado que la dama en cuestión camina de forma tan extraña a causa de una desagradable operación a la que fue sometida hace poco.

—Si se te escapa un gas en sociedad, pregunta a tu vecino: “¿Perdón?”. (Si no prefieres callar, no hay un mejor remedio.)

—Adula siempre sigilosamente. Semper aliquid haeret.

—Haz a menudo pequeños obsequios. Nadie podrá odiarte de veras, y a quienes no se dejan sobornar, los influirás al menos un poco.

—Las mayores complicaciones te deben llevar, en primer lugar, a encender un cigarro y sentarte en un sillón de un bar. El resto ya vendrá por sí mismo. ¡Paciencia!

—Haz un comentario despectivo sobre la mujer de un conocido. Si él lo ignora, ama a su mujer. Si quiere saber qué te ha llevado a hacer una observación semejante, no confía ni en su mujer ni en ti. Si sostiene que estás equivocado, tu truco ha fracasado.
—Haz un comentario despectivo sobre el esposo de una conocida. Si ella lo ignora, la puedes tener de inmediato. Si quiere saber qué te ha llevado a hacer una observación tal, es que espera obtener un argumento contra su marido. Si dice que estás equivocado, no está interesada ni en ti ni en su marido. Si se ríe coquetamente, tu truco ha fracasado.

—Si todos tus trucos fracasan en una situación decisiva, haz entonces uso del último: ¡llora! A los hombres los conmoverá y a las mujeres las adulará de manera increíble.

—No cantes ni silbes. Tampoco cuando estés solo. Funciona como una autosugestión perjudicial a tus espaldas.

—Ejercita cada día tus ojos poniéndote frente al espejo. Tu mirada debe aprender a posarse silenciosa y pesadamente sobre el otro, a disimular con velocidad, a aguijonear, a protestar. O a irradiar tanta experiencia y sabiduría que tu prójimo te dé la mano temblando.

—No te ocupes del psicoanálisis, la política, la literatura ni las ciencias. Te roban tiempo y fuerza, sin promoverte de modo alguno.

—Cuídate de todo tipo de revistas. Son más listas e inteligentes que los periódicos y por eso
son capaces de volver idiotas a miles de jóvenes, y a ti de cansarte.

—Dirige tus chistes también contra ti mismo. Tienen el efecto de un purgante espiritual. Pero evita hacerlo fuera de tu círculo. Pronto se comenzaría a hacer tus chistes contra ti mismo.

—Si de repente no tienes más fuerzas para mentir, sé al menos cruel.

—Si no eres hermoso, todo será el doble de difícil para ti. A menudo, sin embargo, podrás ahorrar la mitad de tus fuerzas si pones a una persona hermosa a tu lado y si, de ser necesario, logras que se haga pasar por ti.

—Saluda también con los ojos o con una sonrisa. Nunca con la boca.

—El lazo de sangre es una ficción. Y no sólo porque únicamente la madre es segura. Con el corte del cordón umbilical termina todo. Incluso lo hereditario se vuelve independiente. Piensa siempre en esto cuando un humor pesimista o un fracaso te lleven a buscar causas hereditarias. Búscalas en tus propios errores, en la malevolencia del destino, en la fuerza de tu oponente. De lo contrario, tendrás no sólo mala suerte sino además traumas interiores.

—Jamás disculpes. Parece arrogante. Tampoco digas eso; también lo parece. Limítate a olvidar manifiestamente lo sucedido.

—Nadie es tan tonto como para que no puedas, después de tres días, convencerlo de que es un genio.

—No hables en voz baja demasiado tiempo. Hace suponer que te has acostumbrado a ello por razones indignas. (Pero habla siempre en voz baja por teléfono.)

—Deja que todos piensen que no mantienes a ninguna mujer, que no tienes hijos y que reconoces las ideas políticas dominantes.

—Entre mil hombres sólo encontrarás tres que sean lo que parecen ser; entre mil mujeres, sólo a media.

—Para conocer a los hombres basta con conocerte a ti mismo.

—Si tu rostro no tiene nada más que decir, mantén sin embargo un dócil brillo de agradable insatisfacción.

—Sé galán con las mujeres, pero sólo cuando alguien más se encuentre cerca. A solas es recomendable no serlo. Todas las mujeres desprecian un poco la galantería (con razón).

—Mira siempre al rostro a la persona con quien hablas. Pero a los ojos únicamente cuando quieras mostrarle tu simpatía, o tus dientes.

—Si alguien te asalta con una pregunta, una observación, aparenta estar un poco confundido: como si te hubiera sacado de tus reflexiones.

—Nunca te muestres con una chica que aparente tener doce años. Pero muéstrate sin miedo con una de doce que parezca tener diecisiete. La apariencia lo es todo.

—No te burles de nadie. A fin de cuentas, nadie entiende una broma que se hace a costa suya.

—No te repitas jamás. Si a las tres has dicho algo estupendamente ingenioso y lo repites dos veces en la siguiente hora, todos se inclinarán a pensar que eres un imbécil.

—No te dejes sorprender por una alegría repentina.

—No le des al camarero de un bar elegante una propina demasiado alta. De lo contrario pensará que eres lo que eres.

—Acto final: el mundo quiere ser engañado. Y se pondrá seriamente furioso si no lo haces.

Por Walter Serner

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